HISTORIA

PORTORREALEÑA

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Escuche Portorrealeña:

El himno oficioso de la villa

Tras muchas insistencias y tras reiteradas muestras del interés que muestran los puertorrealeños y puertorrealeñas por este pasodoble hemos creado este nuevo apartado. Pretendemos, a través de él, expandir la música, la letra e información acerca de lo que ya se ha convertido en el "himno oficioso" de la villa.

El pasodoble "Portorrealeña" surgió sobre la mitad de los años treinta, para ser interpretado por las agrupaciones de una entidad denominada "Juventud Artística y Deportiva", cuyo local social se encontraba ubicado en la calle de la Plaza, concretamente en el tramo situado entre las calles Nueva y Vaqueros. Sería de esta entidad de donde, años después, surgiría el Puerto Real C.F.


AUTORÍA

El pasodoble fue compuesto por José Acosta y Eduardo Álvarez. El primero de ellos compuso la música para la que Eduardo Álvarez (padre de D. Pedro Álvarez Hidalgo) crearía la letra. Se ha hablado mucho acerca de la autoría del pasodoble, y no han faltados quienes han querido atribuírselo. Desgraciadamente, no contamos en la actualidad con las partituras originales de la pieza, pero sí con muchos amigos que dan testimonio de ellas y, cómo no, con la confirmación de aquellos que han convivido desde su infancia con familiares de sus compositores. Esto es, para nosotros, la prueba más fidedigna de cuales puedan otros proponer.

De la mano de estos personajes, surgieron también fabulosos coros carnavalescos, entre los que cabe destacar: "Los granaderos andaluces" y "Los marinos trovadores".

Con el paso del tiempo, este pasodoble se ha convertido en casi el himno de la ciudad, siendo interpretado por multitud de agrupaciones, y no sólo de nuestra localidad. Es gracias a esta difusión por lo que setenta años después, "Portorrealeña", es para muchos el himno nuestro pueblo.


LETRA

Puertorrealeña querida,
puertorrealeña dorada,
tu virtud y tu belleza
deberían ser cantadas
por el poeta español
de más valer, que justo es.

Es una rosa tu cara,
y son tus ojos dos soles
que iluminan las almas,
con sus fuertes resplandores
tus labios son de coral,
bella mujer, bella mujer.

Es tu alma tan sencilla,
late en tu pecho un noble corazón
que en la lucha por la vida siempre tú
te manifiestas con gran tesón.

Y un altar, tú te mereces,
una y mil veces
por tu virtud sin igual
donde pueda colocarte
para adorarte por tu bondad.
-Y ofrecerte una corona
de ricas perlas, oro y laurel.
Y un hermoso trono, avalorado
con rico dosel.- (2)