VIERNES SANTO: LA SOLEDAD (Puerto Real)

La Cofradía de la Soledad ofrece a naturales y foráneos -en palabras del escritor Rodríguez Lafita -"un Santo Entierro de postín".

Sabemos documentalmente que en 1651 ya existía esta cofradía, pues así queda reflejado en protocolos notariales de testamentos. Radicada siempre en el convento de Frailes Mínimos de Paula, hoy Iglesia de la Victoria, sus Sagradas Imágenes han sido tocadas con un halo milagroso al quedar intactas de invasiones, epidemias, guerras, saqueos... Destilando señorío y sobriedad en todo su recorrido, es inolvidable su recogida en la Plaza Madre Loreto: cuando la Sagrada Urna es recogida, la Señora de la Soledad recibe en su paso los tres clásicos portazos, símbolos de aquellos que la Madre Loreto dio a quienes quisieron quemar la iglesia en 1936. La Reina Isabel II le concedió el título Real y cada cinco años el Yacente procesiona fuera de la Urna y la Vírgen va de riguroso luto. Una Cruz de Guía-Relicario, donada por Ángel Carlier, abre camino cada Viernes Santo.

Nuestra Señora de la Soledad, orgullo de Puerto Real, es una portentosa Dolorosa de Luisa Roldán "La Roldana" (1688), obra documentalmente probada de esta imaginera. Rostro, manos, expresión,... son fiel ejemplo del mejor arte barroco. Por su gran modelado y semejanza con otras imágenes de la misma escultora, la imagen de Jesús Yacente se atribuye a "la Roldana".

El paso de palio de la Soledad es un camarín andante con magníficas orfebrerías del jerezano Manuel Rodríguez y bordados del Colegio Santa Rufina de Madrid en plata sobre terciopelo negro y restaurado en 1997 por Emilio Gómez Moreno en Écija. La Virgen lleva corona de plata de ley cincelada por Seco Velasco y posee la laureada del militar Antonio Blanco. Unos magníficos candelabros de cola de Villarreal y una toca sobremanto regalo de Isabel II cierran de forma impecable la trasera del palio.